Un curso dedicado a la Generacion Hambre Cero

Por Enrique Yeves, Director de Comunicación Corporativa de FAO

El número de personas hambrientas en el mundo se ha reducido a algo menos de 800 millones, lo que supone una de cada nueve personas, según datos de la última edición del informe anual sobre el hambre de la FAO. Es una cifra inaceptable y el objetivo debe ser su erradicación total y definitiva.

En FAO sabemos que erradicar el hambre no sólo es posible sino que también es un imperativo moral y parte del compromiso ineludible que la comunidad internacional ha adoptado con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.

Complutense U courseEs, además, una tarea en la que debemos involucrar a toda la sociedad, incluido el sector académico. Por eso en junio de 2016 organizamos, junto a la Universidad Complutense de Madrid, el curso “Hambre Cero: es posible”. No nos costó mucho elegir el nombre, ya que esa es la única afirmación que consideramos válida.

Durante una semana un grupo de jóvenes profundizó, de la mano de expertos internacionales, en las cuestiones que plantea este enorme desafío, uno de los más loables a los que puede aspirar la humanidad. Empezamos por algo tan básico como su definición: según la FAO, una persona pasa hambre cuando no obtiene la ingesta de energía alimentaria suficiente para mantener una vida saludable y activa.

A medida que avanzamos, todos mostraron gran interés en temas tan distintos como la pobreza como causa fundamental del hambre, la producción sostenible, la biodiversidad, el acceso a los alimentos, la nutrición, el cambio climático, la disponibilidad de agua, la calidad de los suelos o el problema de las pérdidas y desperdicio de alimentos

Personalmente, fue una satisfacción ver su compromiso ya su generación está llamada a ser la generación Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo de nuestro planeta.

El derecho humano a la alimentación adecuada, que es inalienable de todos los ciudadanos y cuyas condiciones para lograrlo deben ser garantizadas por el estado, nos ofrece una visión para un pacto social que impulse políticas de desarrollo inclusivas y sostenibles.

Y una de las formas más eficaces para lograrlo es, como reiteró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en una ponencia en la que compartió su experiencia en su propio país, Brasil, una combinación relativamente sencilla: más políticas centradas en la protección social para ayudar a los más necesitados a salir de la pobreza y más inversiones en tecnología y actividades productivas dirigidas a los más pobres.

“Recorrimos 90.000 km durante 10 meses”, rememoró Graziano da Silva al explicar uno de los programas más exitosos en la lucha contra el hambre. “Pero para lograr el desafío Hambre Cero – añadió en su conversación con los jóvenes- los gobiernos deben reconocer el problema del hambre como prioritario, crear marcos institucionales para combatirlo y programas específicos para poder hacerlo”.

Para ilustrar la importancia de ese compromiso político, en el curso contamos también con la participación de Guadalupe Valdés, del Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, que habló del caso de América Latina, la región que más avances ha logrado en la lucha contra el hambre.

Queen-Letizia-7Como recordó el jefe del equipo del derecho a la alimentación de la FAO en presencia de Su Majestad la Reina Letizia de España –Embajadora Especial de la FAO para Nutrición-, el hambre y la malnutrición son problemas de naturaleza política. Por si solas, las soluciones técnicas no bastan para acabar con las desigualdades que mantienen a una parte importante de la población mundial en situación de inseguridad alimentaria o sufriendo la malnutrición.

Teniendo en cuenta las múltiples dimensiones del problema del hambre, en el curso también se habló sobre la forma en que lo contamos. Para ello contamos con Juan Luis Cebrián, Presidente Ejecutivo del grupo PRISA y El País –diario con el que la FAO firmó recientemente un acuerdo para mejorar la información sobre cuestiones relacionadas sobre el hambre, la agricultura y la alimentación, que habló sobre el papel de los medios de comunicación como motor de cambio.

En ese mismo sentido, el periodista y escritor Martín Caparrós, autor del libro Hambre, insistía en que la inseguridad alimentaria “no es un problema de pobreza, sino de riqueza” y de la injusta distribución de la misma.

Como entidades cercanas a las realidades sociales y catalizadoras de la participación ciudadana, las ciudades desempeñan un papel clave en la erradicación del hambre y en la mejora de la nutrición, como explicó Joan Ribó, el alcalde de Valencia, una de las ciudades españolas con mayor tradición de agricultura urbana y periurbana.

Siguiendo con nuestra intención de destacar el papel de la sociedad civil, en el curso también celebramos una mesa redonda con algunas de las ONG con más experiencia del país: Prosalus, Manos Unidas o Cáritas Española, que coincidieron en la necesidad de colocar en un lugar prioritario la lucha contra el hambre.

Visto el entusiasmo que despertaron las distintas ponencias y el interés continuado de los alumnos, estoy seguro de que contamos con todos los participantes y con todos ellos para lograr el hambre cero, que es posible.